La artritis, el trastorno articular más frecuente

La artritis afecta en algún grado a la mayoría de las personas mayores de 70 años. Por ello algunas personas la ven como un rasgo más de la vejez, como lo puede ser el cabello gris o los cambios que se producen en la piel. Pese a que la clara diferencia con estas, estriba en que la artritis es muy incapacitante si no se toman las medidas oportunas.

La artritis consiste en la inflamación de las articulaciones. Sus principales síntomas son el dolor y la rigidez en las articulaciones que va empeorando con la edad. Los tipos más frecuentes de artritis son la artrosis y la artritis reumatoide.

En la artritis reumatoide el sistema inmunitario del cuerpo ataca el revestimiento de las articulaciones, el cual a consecuencia de esto, se inflaman y duelen.

La artrosis consiste en el daño por desgaste de los cartílagos de la articulación.

Las articulaciones son componentes del esqueleto, que permiten la conexión entre dos huesos y por lo tanto, el movimiento.

El cartílago es el encargado de recubrir los extremos de estos huesos y es indispensable para el funcionamiento de la articulación puesto que actúa como amortiguador. La artrosis provoca el deterioro del cartílago articular y a medida que el cartílago va desapareciendo el hueso reacciona y crece por lo lados formando osteofitos y deforman la articulación.

Síntomas

El primer síntoma es el dolor que empeora con actividades que implican soportar peso corporal sobre la articulación afectada. En algunos casos la articulación puede presentar rigidez y deformidad de la articulación.

La artrosis se manifiesta principalmente en cuatro áreas:

  • Rodillas; afecta a un 10% de la población
  • Mano; afecta a un 6% de la población
  • Cadera; afecta a un 1% de la población, a los 55 años y la décima parte a los 85 años de edad
  • Columna lumbar y cervical

A medida que el trastorno avanza, la articulación puede perder movilidad e incluso la capacidad para estirarse totalmente.

Tratamiento

El tratamiento en una primera instancia se centra en aliviar los síntomas y mejorar el funcionamiento de las articulaciones.

En algunos tipos de artrosis la fisioterapia resulta útil. Los ejercicios fortalecen los músculos que rodean las articulaciones y mejoran la amplitud del movimiento. En otros casos, por el contrario, puede llegar a ser oportuno el uso de un dispositivo de inmovilización.

Si estas medidas no producen mejoría, el especialista puede recomendar el uso de la cirugía. La cirugía puede ser de varios tipos dependiendo del caso concreto:

  • Reparación de las superficies articulares o realineamiento de estas.Con el fin de reducir el dolor y mejorar la función. Estos procedimientos suelen realizarse a través de pequeñas incisiones en la articulación.
  • Reemplazo articular.Se extrae la articulación dañada sustituyéndola por una artificial. Las de caderas y rodillas son las articulaciones que más usan este tipo de cirugía.

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